
La radiología intervencionista es una subespecialidad que trata padecimientos mediante procedimientos guiados por imagen, a través de accesos de pocos milímetros. En muchos casos permite resolver con una punción lo que antes exigía una cirugía abierta.
El médico radiólogo intervencionista utiliza ultrasonido, fluoroscopia o tomografía para ver en tiempo real el interior del cuerpo y dirigir con precisión agujas, catéteres o guías hasta el punto exacto. La mayoría de los procedimientos se realizan con sedación y anestesia local, sin necesidad de anestesia general.
Biopsias guiadas. Obtención de tejido de hígado, tiroides, mama, pulmón o ganglios con una aguja fina, con localización precisa de la lesión.
Drenajes. Colocación de catéteres para evacuar colecciones, abscesos o líquido acumulado sin abrir la cavidad.
Embolizaciones. Bloqueo controlado del riego sanguíneo de una lesión: se emplea en miomatosis uterina, sangrados y algunos tumores.
Accesos vasculares. Colocación de catéteres de larga permanencia para quimioterapia, diálisis o nutrición parenteral.
Incisiones milimétricas en lugar de cortes amplios, menor pérdida sanguínea, menos dolor posoperatorio y estancias hospitalarias más cortas. Muchos procedimientos son ambulatorios y el paciente regresa a casa el mismo día.
Antes del procedimiento se solicitan estudios de laboratorio, en particular pruebas de coagulación, y se revisa la medicación: los anticoagulantes suelen requerir ajuste previo. Recibirás indicaciones específicas de ayuno y de acompañamiento para el regreso a casa.
No todos los casos son candidatos. La indicación la establece tu médico tratante junto con el radiólogo intervencionista tras valorar tu historia clínica y tus estudios de imagen. Este contenido es informativo y no constituye una recomendación médica individual.